LA NECESIDAD DE SENTIRSE AMADO
- Ser Conscientes
- 1 feb
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 3 feb

Amar y sentirse amado es un deseo genuino porque nos conecta con el Amor y, en el ámbito de la pareja, nos lleva a la unión con otro en este mundo de separación.
Pero ese amor puede verse enredado con la necesidad y que sea el amor del otro lo que nos aporta plenitud, valor y paz.
En las relaciones de pareja, cada uno busca en el otro un amor incondicional que le permita sentirse merecedor de amor, sentirse completo, sentirse especial, sentirse valioso, al sentirse amado.
Esto se ve especialmente al principio de la relación.
No obstante, con el tiempo, por las situaciones vividas en el seno de la relación, se va viendo que la otra persona no es exactamente igual que la idea que se habían hecho el uno del otro.
Empiezan a surgir discusiones, enfados, distancia y hasta rupturas.
La relación va cambiando y cada uno va viendo que ese amor no es incondicional, no hay una aceptación completa por parte del otro y que ese amor está basado en recibir del otro. En recibir amor, cariño, comprensión, escucha, etc.
Con el tiempo puede que la relación no sea equivalente, es decir, que uno de los dos tiende a demostrar más su amor y afecto y esa falta de equivalencia genera sufrimiento. Genera sufrimiento porque uno siente que no es digno de ese amor, por mucho que entienda cede y se sacrifica.
El que se entrega más vibra en la necesidad de amor. El otro lo ve y siente y responde dando migajas que recibe del otro y hace que se sienta más tranquilo.
Deposita en una mirada, caricia, abrazo o beso su paz. Pero si no sucede, pierde el equilibrio y la paz.
Entonces, desde esa dependencia emocional, vuelve la necesidad de sentirse amado, como una adicción, y la ansiedad por no serlo.
Y, a partir de ahí, no se sabe poner límites sanos y se van permitiendo ciertas actuaciones que van perdurando o aumentando. La comunicación sana y honesta se pierde y la falta de libertad en la pareja da lugar en ocasiones a una falta de respeto.
Y se incrementa el dolor con la aparición de otros sentimientos como los celos, la sensación de abandono, olvido o hasta rechazo.
Y aumenta las sensaciones de carencia, incompletitud, insuficiencia y, en algunos casos, hasta de auto rechazo.
Pero, antes de hablar de cómo todo esto puede cambiar, tengo que decir algo importante para entender el problema.
En primer lugar, esa necesidad de sentirse amado viene de experiencias pasadas, normalmente en la infancia, en donde el niño o la niña se sintieron no amados incondicionalmente y se sintieron abandonados, olvidados.
Pero el niño sólo puede pensar que no es suficiente, que no es digno de amor, que es carente.
Se siente insuficiente y se culpa de ello, y esa creencia se guarda en lo profundo del inconsciente.
Por ejemplo, cuando la madre no le mira y abraza cuando tanto lo necesitaba, o cuando los padres no le tienen en cuenta, o no son capaces de ver o preguntarle lo que realmente quiere, o le exigen o, de repente ve que sus padres le están mintiendo o mil situaciones parecidas.
Y, aunque pueda sorprender, se genera un deseo inconsciente que da lugar, repito de forma inconsciente, de querer volver a sentirse una vez más no visto, no querido, no amado, no digno de amor.
Y me gustaría decir que esto le sucede a la gran mayoría de la humanidad.
De esta forma, tenemos que relajarnos en la comprensión de que no somos carentes y que esa percepción de nosotros mismos viene de experiencias tempranas que, en un niño, quedan grabadas en el inconsciente.
Y, como me gusta repetir siempre, no somos culpables de sentirnos así, sino que nos condicionaron experiencias tempranas.
Pero todo puede cambiar.
En primer, lugar, el primer paso, un paso importante, es no rechazar lo que sentimos.
Es algo grabado que tiene que verse y, con paciencia, disolverse.
¿Cómo? Desde la comprensión, la aceptación y empezar a querernos a nosotros mismos tal y como somos.
Tenemos que reconocer con honestidad y sin un ápice de culpa la dependencia emocional que sentimos.
Y empezar a ver los inconvenientes de esa dependencia, es decir, las emociones de carencia, el miedo a perder, a estar sólo, no querido…
Sólo verlo y sentirlo sin miedo, sin resistencia.
La oscuridad se disipa con la luz de nuestra mirada honesta.
Tenemos que aprender a amarnos a nosotros mismos y a estar bien nosotros mismos, independiente de lo que el otro muestre.
Tenemos que ir viendo cómo con lo que pensamos, decimos o no decimos, hacemos o no hacemos puede ir perpetuando la dependencia.
Y sentir que no queremos seguir alimentando más el vernos como alguien carente, insuficiente, no digno, ni merecedor de amor.
No. Ya no lo queremos ni lo vamos a alimentar más. No se trata de rechazar nada, sino simplemente de no alimentarlo más.
No necesitamos que nos tienda la mano, que nos mire, que nos abrace o nos diga algo afectuoso para sentirnos bien.
Vamos viendo que hemos estado dando al otro por miedo a perderlo, es decir, porque requerimos recibir algo a cambio.
Y, a partir de aquí, tenemos que ver si en la relación hay una comunicación verdadera, respeto, reciprocidad, si nos aceptamos mutuamente tal y como somos, complicidad y compañía real.
Y, desde esa verdad, podemos empezar a querer al otro sin ninguna expectativa.
Podemos empezar a dar sin querer recibir.
Podemos empezar a leer a nuestra pareja, a ver cómo está, para actuar conforme a su estado.
Aceptar que puede estar distante, por algo que le preocupa o por otra razón. Dejamos a nuestra pareja ser como es.
Pero la hacemos verse y sentirse comprendida, al escucharla, sin opiniones ni juicios. Sólo la presencia de nuestra escucha.
El cambio es importante porque en vez de enfocarnos en lo que nos falta, nos enfocamos en dar, sin la necesidad de recibir.
Entonces la otra persona siente que puede estar tal y como está y se siente.
Nos convertimos en un espacio de comprensión y escucha hacia ella.
Desde ese lugar, también podemos a poner límites sanos y no permitiendo ciertas cosas en las que antes cedíamos, porque vemos que no aportaba nada en el sostén de la relación.
Y podemos ir viendo si la relación avanza hacia ese lugar que queremos o si realmente estamos en la relación de pareja que queremos tener.
Pero este es un proceso paulatino en el que volveremos a caer en los antiguos patrones de querer recibir su afecto, amor…
Por eso tenemos que ser pacientes con nosotros mismos desde la comprensión de lo que hemos visto.
La relación de pareja es un espejo que nos muestra cosas de nosotros y, por lo tanto, es una oportunidad de autoconocimiento para enfrentar ciertos miedos y desarrollar aspectos y cualidades en nosotros.
Y, poco a poco, vamos viendo que el amar al otro buscando algo a cambio, su amor, cariño, afecto, reconocimiento, completitud… no era verdadero amor.
El verdadero amor surge a amar al otro tal y como es y no necesitar recibir nada a cambio al darlo.

Comentarios